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viernes, 2 de julio de 2010

La hiperfragmentación

RINCÓN DEL AUTOR
Estamos hablando de recursos transferidos, no generados localmente. Es decir, dinero que cae del cielo, un botín del que vale la pena apoderarse a como dé lugar porque no está sujeto al control de contribuyentes que no existen.
elcomercio.pe  Viernes 2 de Julio del 2010
Por: Jaime de Althaus Guarderas
La combinación de una fragmentación creciente del sistema de partidos políticos con recursos crecientes para los gobiernos regionales y locales en el contexto de una descentralización acelerada puede ser explosiva. Estamos hablando de recursos transferidos, no generados localmente. Es decir, dinero que cae del cielo, un botín del que vale la pena apoderarse a como dé lugar porque no está sujeto al control de contribuyentes que no existen. Por eso la multiplicación de candidaturas, de movimientos locales. Y la multiplicación de luchas que levantan molinos de viento y amenazas reales o inventadas contra las cuales hay que lanzarse para acumular capital político. Y la competencia de radicalismos contra la inversión foránea que termina logrando, por ejemplo, que la producción de oro de Yanacocha vaya a ser este año un 25% menor que el año pasado.

Si tuviéramos un sistema de partidos efectivo, la mayor parte de los candidatos a las elecciones regionales y locales pertenecería a ellos y por lo tanto habría mucho menos candidatos y menos disrupción social. Las candidaturas se resolverían dentro de esas organizaciones y se desarrollarían dentro de un marco de control partidario mínimo que, de otro lado, tendría que considerar también, en los temas de campaña local, el interés nacional. No solo eso, tendríamos un sistema de representación también efectivo, donde el alcalde pertenecería a un partido con presencia en el Congreso nacional: los canales verticales de transmisión de demandas estarían abiertos y activos, de modo que sería mucho más fácil prevenir o procesar conflictos y reclamaciones.

La ultrafragmentación actual rompe los canales de representación, feudaliza el país y fomenta la violencia social y el desorden extremo. Solo tendría dos ventajas, muy relativas. La primera es la mayor participación: cualquiera puede postular y mucha más gente se organiza para tentar un puesto elegido. El terreno electoral se convierte, así, en un escenario de disputa, que siempre es mejor que la revuelta contra el sistema mismo. La revolución se atomiza. Y la segunda es que, por su propia naturaleza fragmentaria, esas movilizaciones difícilmente se articulan a nivel nacional en un movimiento que desafíe, precisamente, el sistema. Son movimientos que se agotan a nivel local o regional. O macrorregional a lo sumo.

La hiperfragmentación, la entropía creciente del sistema político, solo se puede revertir con un sistema electoral basado en distritos unipersonales o bipersonales, que fomentan la aglutinación partidaria y mejoran la función de representación. Y aplicando políticas que generen una burguesía contribuyente que pague impuestos locales, para que pase de masa clientelizable y movilizable a ciudadanía exigente a la que haya que rendir cuentas.

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