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domingo, 1 de agosto de 2010

Los pobres requisitos de la democracia

COMENTARIO DEL EDITOR
¿Puede no haber ineficiencia y corrupción en un gobierno regional o municipal cuyo presidente o alcalde carece de la más elemental preparación para el puesto, mientras el Estado pone a su disposición, desde el arca fiscal o desde el canon minero, varios miles de millones de soles?
elcomercio.pe Sábado 31 de Julio del 2010
Por: Juan Paredes Castro
Los peruanos solemos pedirle peras al olmo a una democracia que, por sus pobres requisitos, no puede dejar de ser ineficiente y corrupta en su ejercicio político y administrativo.
Podrá parecer esta conclusión, dicha a boca de jarro, muy dura, pero es más que oportuna de cara a los elegidos que se aprestan a dejar el poder (salvo los que lo retendrán por un tiempo más) y de quienes desde ahora buscan electoralmente su lugar bajo el sol.
En tiempos de balance como el presente esta realidad cobra un doble sentido: de un lado porque los índices de desaprobación de las gestiones gubernamental, legislativa, judicial, regional y municipal siguen siendo muy bajos; y de otro porque el proceso electoral en marcha, de aquí a octubre, primero, y de octubre a junio del 2011, después, no parece prometernos, como quisiéramos, una democracia satisfactoria y honesta.
La ineficiencia y la corrupción estatales tienen sin duda muchas raíces como también recetas para enfrentarlas.
¿Sirve de algo descubrirlas?
Probablemente sea difícil hacer algo importante si antes no nos preocupamos por subir las vallas de quienes aspiran a cargos de poder por elección desde los cuales regularán la vida de una localidad, de una región y del país entero.
¿Puede no haber ineficiencia y corrupción en un gobierno regional o municipal cuyo presidente o alcalde carece de la más elemental preparación para el puesto, mientras el Estado pone a su disposición, desde el arca fiscal o desde el canon minero, varios miles de millones de soles?
Si hasta ahora hemos consentido que los pobres requisitos de la democracia no pueden ser cambiados porque hacerlo resultaría discriminatorio, entonces demos por sentado que lo que queremos es exponer a la democracia a peligrosos e irremediables saltos al vacío.
Claro que un ciudadano con estudios no universitarios pero honesto podría no asegurar eficiencia en su desempeño, como un profesional competente podría resultar un corrupto.
Sin embargo, la cruel frontera del azar en la política no es óbice para dejar de reclamar requisitos más rigurosos en las postulaciones electorales, pues ya es un lugar común que cualquiera quiera ser presidente o que cualquiera quiera ser parlamentario.

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