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domingo, 11 de abril de 2010

¡Es como electricidad!

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¿Qué es lo que le permite desenvolverse en la cancha con esa desconcertante tranquilidad?
larepublica.pe Dom, 11/04/2010 - 23:55
Jorge Bruce
Hoy no me apetece ocuparme de asuntos sórdidos como la corrupción o la pedofilia. Hoy quiero celebrar el espectáculo que brinda, semana a semana, un jugador de fútbol que eleva ese deporte a niveles sublimes. Maradona ha dicho: Messi puede zanjar la polémica Pelé-Maradona. Esta semana le hizo cuatro goles, cada uno más fantástico que el otro, no al Jerez o al Getafe: al Arsenal de Inglaterra, en la UEFA Champions League. Uno fue de sombrero y otro de huacha. Al verlo pensé: este chico logra no ponerse nervioso en los instantes decisivos.

Después leí que Johan Cruyff, legendario jugador y entrenador del Barcelona, había comentado algo similar. Ahí donde los jugadores más experimentados y valiosos sienten la presión de los partidos importantes, Messi la rompe como si estuviera en una pichanga con sus patas del barrio. Hasta los adversarios terminan bromeando con él, pidiéndole que les diga el truco para quitarle la pelota.

Acaba de terminar el clásico Real Madrid-Barcelona, con triunfo por 2 a 0 de los catalanes. En un primer tiempo sumamente trabado, Sergio Ramos del Madrid golpeó a Messi en la cara, para desmoralizarlo. Treinta segundos después Leo recibe un pase de arquitecto de Xavi y mete el primer gol, cambiando la tónica del encuentro. Mientras más lo golpean, mejor juega.

No teman, no me estoy alucinando comentarista deportivo. Lo que me mueve a escribir sobre este jugador único es su asombrosa personalidad.

¿Qué es lo que le permite desenvolverse en la cancha con esa desconcertante tranquilidad? Podría pensarse que es un escindido, en quien no se conectan las emociones y por eso se permite hacer semejantes gambetas con oponentes de la talla de Almunia o Casillas.

Pero basta ver la sencillez con que celebra sus goles, con una genuina alegría de chiquillo travieso en el rostro, sin eludir el abrazo de sus compañeros y festejar un tramo solo como hacen tantos, para darse cuenta de que no aísla sus afectos. Sucede que estos están al servicio de su extraordinario talento.

La mejor explicación a esta armoniosa sintonía interna la he encontrado en la notable película Billy Elliot, donde el hijo de un rudo minero británico quiere ser bailarín. Cuando hace una audición para ingresar al Royal Ballet de Londres, el jurado le pregunta por qué le gusta bailar. El chico de 10 años no halla respuesta. Antes de salir reacciona y dice algo así: “cuando danzo, el mundo desaparece y yo floto en el aire y mi cuerpo es recorrido por un fluido misterioso. ¡Es como electricidad!”.

Así es Messi. Así es como se hacen las cosas bien, en cuerpo y alma, sin que nada más importe. Incluso logra la proeza de hacernos olvidar los millones de euros que están en juego, literalmente. El triunfo del Barza sobre el Madrid es el del espíritu sobre la billetera.

No es poca cosa en estos tiempos.

P.D. Lástima que tantos compatriotas no accedan a estos espectáculos fabulosos y deban resignarse a la mediocridad y chabacanería de buena parte de la programación local. Las compañías de cable, el Estado, deberían hacer un esfuerzo de imaginación para abastecer a un mercado de pocos recursos pero de volumen enorme. Eso también es inclusión.

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