La historia nos induce a imaginar posibilidades alternativas, como una ciencia ficción para atrás. Pienso en tres casos de reclutamiento que me llevan a admirar lo accidental de la vida. Los protagonistas fueron un Mercedes Benz, un socialista y un número de teléfono.
Después de lanzar su candidatura, Toledo me propuso “ser su economista”. Me excusé porque no soy apto para la política y sugerí llamar a PPK, quien trabajaba en Miami y era largamente la mejor opción. Cuando Toledo insistió nuevamente conmigo, le pregunté si había conversado con PPK. “Es que no tengo su teléfono”, dijo.
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