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viernes, 2 de septiembre de 2016

Un fenómeno del mundo rico, por Bjørn Lomborg

DOMINGO 21 DE AGOSTO DEL 2016 | 06:00

La agricultura orgánica se vende como buena para el medio ambiente.

(Foto: Richard Hirano / El Comercio)
Ambientalista y director del Centro para el Consenso de Copenhague
Como nunca antes, lo que comemos es considerado importante. Y en todas partes se nos insta a elegir lo orgánico pues dicen que es más nutritivo, mejora el bienestar animal y ayuda al medio ambiente. En realidad, se trata mayormente de una estrategia publicitaria.
En el 2012, el Centro de Políticas Sanitarias de la Universidad de Stanford hizo la mayor comparación de alimentos orgánicos y convencionales disponible y no encontró ninguna evidencia sólida que indicara que lo orgánico sea más nutritivo. Una nueva revisión acaba de repetir su conclusión: “Los estudios científicos no demuestran que los productos orgánicos sean más nutritivos y más seguros que los alimentos convencionales”.
Del mismo modo, los animales criados en granjas orgánicas no son generalmente más saludables. Un estudio realizado durante cinco años en Estados Unidos demostró que, respecto de los orgánicos, “los resultados sanitarios son similares a los de productores lácteos convencionales”. Por su parte, el Comité Científico Noruego de Seguridad Alimentaria “no encontró diferencia en la aparición objetiva de enfermedades”. Los cerdos y aves de corral orgánicos pueden disfrutar de un mejor acceso a zonas abiertas, pero esto aumenta su carga de parásitos, patógenos y depredadores. 
La agricultura orgánica se vende como buena para el medio ambiente. Esto es correcto para un campo de cultivo único: la agricultura ecológica utiliza menos energía, emite menos gases de efecto invernadero, óxido nitroso y amoníaco y causa menos filtración de nitrógeno que un campo convencional. Pero cada campo orgánico es mucho, mucho menos productivo. Por lo tanto, para producir la misma cantidad de trigo, espinacas o fresas, se necesita mucho más tierra. 
Eso significa que la producción orgánica promedio resulta en la emisión de casi la misma cantidad de gases de efecto invernadero que los productos convencionales; y aproximadamente 10% más de óxido nitroso, amoniaco y acidificación. Lo que es peor, para producir cantidades equivalentes, las granjas orgánicas necesitan ocupar un 84% más de tierra. Por ejemplo, para producir de manera orgánica la cantidad de alimentos que Estados Unidos produce hoy, sería necesario aumentar sus tierras de cultivo en casi dos veces el tamaño del Reino Unido. 
Por otra parte, ¿es seguro que los cultivos orgánicos evitan los pesticidas? No. La agricultura orgánica puede usar cualquier pesticida “natural”. Esto incluye el sulfato de cobre, que ha causado enfermedades hepáticas en los rociadores de viñedos en Francia. La piretrina es otro pesticida orgánico, y un estudio muestra que los agricultores que manejan las piretrinas en comparación con aquellos que no lo han hecho son 3,7 veces más propensos a enfermarse de leucemia.
La comida convencional tiene una contaminación mayor por plaguicidas. Aunque la diferencia es muy baja, es un claro beneficio de los alimentos orgánicos. Sin embargo, utilizando una estimación aproximada de la Oficina de Toxicología de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), todos los residuos de plaguicidas convencionales pueden causar unas 20 muertes adicionales al año por cáncer en Estados Unidos. Y esto se desvanece frente al impacto económico de lo orgánico. Si toda la población de Estados Unidos adoptara lo orgánico, el costo sería probablemente de alrededor de US$200 mil millones anuales debido a una menor productividad. Este es dinero que no se podría gastar en hospitales, atención a jubilados, escuelas o infraestructura.
Lo orgánico es un fenómeno del mundo rico, con un 90% de ventas en América del Norte y Europa. A pesar de haber aumentado cinco veces sus ventas en los últimos 15 años, solo el 1% de tierras cultivadas produce alimentos orgánicos. Esto se debe a que casi la mitad de la humanidad depende de los alimentos cultivados con fertilizantes sintéticos, excluidos por las normas orgánicas. Norman Borlaug, quien obtuvo el Premio Nobel de la Paz por iniciar la Revolución Verde, solía señalar que la agricultura orgánica a escala global dejaría a miles de millones de personas sin alimentos. 
En esencia, el consumo de alimentos orgánicos se da mayormente por gente rica que gasta su dinero extra para sentirse bien. Si bien esto es tan válido como gastarlo en vacaciones, debemos resistir cualquier superioridad moral implícita. Los orgánicos no son más sanos o mejores para los animales. Expandirse a una gran escala podría costar decenas de miles de millones de dólares, mientras mataría a miles. De hecho, una revolución generalizada de orgánicos aumentará el daño ambiental y reducirá los bosques mundiales.
Cuando la famosa diseñadora Vivienne Westwood exclamó que las personas que no pueden pagar los alimentos orgánicos deben “comer menos”, puede haber tenido las mejores intenciones. Pero también estuvo increíblemente fuera de lugar. El resto del mundo necesita más alimentos y más baratos. Y esos no serán orgánicos

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